12 de julio de 2010
8 de febrero de 2010
Todavía falta mucho
He insistido en mis entradas anteriores, en el diálogo entre los dos bandos protagonistas del panorama político nacional, y en un discurso dirigido a todos los sectores de la sociedad, haciendo un especial énfasis en los más necesitados. Así pues, hace varios días, se cruzó en mi camino una historia que me permitió entender la dura lucha que les espera a los venezolanos; una lucha lenta, de cuyos frutos no podría precisar si será partícipe mi generación. El hecho al que me refiero,y que me inspiró para escribir estas líneas, es el fin en Suráfrica, del período conocido como Apartheid; que consistió en una etapa de segregación, caracterizada por la instauración de leyes en la nación, liderada por los blancos, en las que claramente la población de color era denigrada. Esta política de segregación racista tuvo una duración de cincuenta años. En la legislación instaurada durante este tiempo, los negros eran cosiderados extrangeros en su propio territorio; idea que se cobijaba en el planteamiento de que los habitantes de color provenían de pueblos errantes del territorio africano y por tanto, estaban excentos de la nacionalidad surafricana. Así, estas restricciones tuvieron influencia en la educación, en la propiedad privada, en la economía y por supuesto, en la política. Aunque desde antes de este período, suráfrica había tenido una larga historia de segregación racial bajo el dominio blanco, con el Apartheid las medidas toman validez política; pues en 1948, el Partido Nacional, liderado por los blancos, introduce el Apartheid en su programa electoral, y al vencer las elecciones de ese año, la propuesta pasa a formar parte de la política oficial del gobierno. De la misma manera, el territorio surafricano fue rápidamente dividido en sectores, en los que los habitantes eran ubicados atendiendo al color de su piel. En algunos casos, poblaciones enteras de color fueron deasalojadas a otras zonas, debido a que su territorio pertenecía a sectores destinados a los blancos. Dentro del país, había muchos grupos que luchaban en contra del Apartheid; entre ellos, el Congreso Nacional Africano, liderado en parte por Nelson Mandela, que aprovecharon la decadencia que sufría en 1960 el movimiento, producto del boicot internacional al que fue sometida sudáfrica, para realizar protestas pacíficas a favor de la igualdad social. La policía arremetió abriendo fuego contra los manifestantes. Como resultado hubo 69 muertos, cerca de 400 heridos y el gobierno ilegalizó las pocas organizaciones políticas negras. Dos años después de la revuelta, Mandela fue encarcelado y después de 28 años en prisión fue liberado en 1990, durante el período que puso fin al Apartheid. Al salir de la carcel, Nelson Mandela decide impulsar acciones de cambio en una sociedad sumamente resentida, llena de prejuicios y resistente al diálogo interracial, promoviendo la igualdad social, la tolerancia y la solidaridad entre los ciudadanos. Este hombre no olvida el pasado, sin embargo, decide recordarlo en paz y sin resentimiento hacia los que alguna vez lo apresaron y maltrataron. Así pues, alcanza la presidencia en 1994 y logra instaurar en su país el ambiente multicolor en el que reinase la libertad soñada.
Si se analiza el panorama surafricano, es sencillo notar que guarda similitud con la situación venezolana actual. Si bien es cierto que la lucha sostenida en Suráfrica poseía implicaciones puramente raciales y en el caso venezolano, el enfrentamiento se da producto de diferencias ideológicas, es también cierto que en ambas se persigue como fin último, en uno de los bandos, la libertad. La vía que siguieron los surafricanos liderados por Mandela, al igual que la de los estudiantes venezolanos, se fundamenta en la paz y en la crítica a un gobierno represor, que persigue la división de la sociedad y el enfrentamiento, motivado por planteamientos irracionales o no sustentados. De la misma manera, puede establecerse una comparación entre la figura de Mandela y la de Hugo Chávez, guardando por supuesto la debida distancia. Ambos fueron encarcelados por sus enemigos; Mandela durante casi treinta años y Chávez durante tres; Mandela por manifestar de forma pacífica y Chávez debido a un intento fallido de golpe de estado. Sin embargo, ambos fueron liberados y tomaron decisiones completamente antagónicas al regresar al panorama político de sus naciones. Nelson Mandela siguió el camino del perdón, promoviendo este sentimiento entre sus seguidores, para lograr progresivamente el apoyo casi total de la nación, persiguiendo con sus consignas los ideales de paz, igualdad y libertad. Mientras tanto, Chávez se ha valido del odio y el resentimiento de un pueblo, que si bien no fue sometido como el surafricano, sufrió gravemente las consecuencias de la corrupción y anarquía de los gobiernos anteriores. Ambos emplearon a sus seguidores con la diferencia de que Mandela lo hizo por el bien común y Chávez por el bien propio. De esta manera, es posible observar dos realidades similares hasta cierto punto, que toman rumbos contrarios gracias a las decisiones de sus líderes, y al enfoque que estos decidieron darle a sus acciones. Algo que tienen en común ambos mandatarios, es que acuden al uso de los sentimientos (pathos) para influir es sus seguidores, que en mi opinión, es el modo de persuación más efectivo. Asimismo, considero que este método implica un alto grado de responsabilidad por parte del orador, pues al valerse de los sentimientos humanos, se toca la fibra interna, se logra la actuacion en muchos casos irracional de los miembros de un grupo humano. En lo personal, considero que esta estrategia persuasiva fue la que permitió a Mandela el logro de sus ideales al orientarla de forma positiva. En el caso de Chávez ocurre exactamente lo mismo, pero dirigida a fines negativos. Este aspecto, considero yo, es el responsable de la solidez dentro del bando oficialista, y el causante del fenómeno dentro del chavismo, en el que se considera al mandatario inocente o excento de responsabilidad por parte de sus seguidores, aun ante actos de negligencia por parte del ejecutivo, en los que se responsabiliza a otros miembros del gobierno. Por lo tanto, concluyo afirmando que, dadas las circunstancias del panorama político actual, considerando el tiempo que les tomó a los surafricanos obtener la libertad y tomando en cuenta los hechos acontecidos en dicho país, todavía falta mucho para que en Venezuela se respiren los aires de paz, armonía y convivencia que alguna vez se reinaron en los rostros de los venezolanos y que a veces es posible encontrar en algún que otro rincón del corazón de estas tierras.
Si se analiza el panorama surafricano, es sencillo notar que guarda similitud con la situación venezolana actual. Si bien es cierto que la lucha sostenida en Suráfrica poseía implicaciones puramente raciales y en el caso venezolano, el enfrentamiento se da producto de diferencias ideológicas, es también cierto que en ambas se persigue como fin último, en uno de los bandos, la libertad. La vía que siguieron los surafricanos liderados por Mandela, al igual que la de los estudiantes venezolanos, se fundamenta en la paz y en la crítica a un gobierno represor, que persigue la división de la sociedad y el enfrentamiento, motivado por planteamientos irracionales o no sustentados. De la misma manera, puede establecerse una comparación entre la figura de Mandela y la de Hugo Chávez, guardando por supuesto la debida distancia. Ambos fueron encarcelados por sus enemigos; Mandela durante casi treinta años y Chávez durante tres; Mandela por manifestar de forma pacífica y Chávez debido a un intento fallido de golpe de estado. Sin embargo, ambos fueron liberados y tomaron decisiones completamente antagónicas al regresar al panorama político de sus naciones. Nelson Mandela siguió el camino del perdón, promoviendo este sentimiento entre sus seguidores, para lograr progresivamente el apoyo casi total de la nación, persiguiendo con sus consignas los ideales de paz, igualdad y libertad. Mientras tanto, Chávez se ha valido del odio y el resentimiento de un pueblo, que si bien no fue sometido como el surafricano, sufrió gravemente las consecuencias de la corrupción y anarquía de los gobiernos anteriores. Ambos emplearon a sus seguidores con la diferencia de que Mandela lo hizo por el bien común y Chávez por el bien propio. De esta manera, es posible observar dos realidades similares hasta cierto punto, que toman rumbos contrarios gracias a las decisiones de sus líderes, y al enfoque que estos decidieron darle a sus acciones. Algo que tienen en común ambos mandatarios, es que acuden al uso de los sentimientos (pathos) para influir es sus seguidores, que en mi opinión, es el modo de persuación más efectivo. Asimismo, considero que este método implica un alto grado de responsabilidad por parte del orador, pues al valerse de los sentimientos humanos, se toca la fibra interna, se logra la actuacion en muchos casos irracional de los miembros de un grupo humano. En lo personal, considero que esta estrategia persuasiva fue la que permitió a Mandela el logro de sus ideales al orientarla de forma positiva. En el caso de Chávez ocurre exactamente lo mismo, pero dirigida a fines negativos. Este aspecto, considero yo, es el responsable de la solidez dentro del bando oficialista, y el causante del fenómeno dentro del chavismo, en el que se considera al mandatario inocente o excento de responsabilidad por parte de sus seguidores, aun ante actos de negligencia por parte del ejecutivo, en los que se responsabiliza a otros miembros del gobierno. Por lo tanto, concluyo afirmando que, dadas las circunstancias del panorama político actual, considerando el tiempo que les tomó a los surafricanos obtener la libertad y tomando en cuenta los hechos acontecidos en dicho país, todavía falta mucho para que en Venezuela se respiren los aires de paz, armonía y convivencia que alguna vez se reinaron en los rostros de los venezolanos y que a veces es posible encontrar en algún que otro rincón del corazón de estas tierras.
29 de enero de 2010
La oposición debe despertar
Dados los hechos de los últimos días, me veo en la obligación de expresar mi firme opinión con respecto a las acciones que debe tomar la oposición desde ahora. Como mencioné en la entrada anterior, vamos rumbo a un comunismo más rápido de lo que pensamos. La oposición se enfrenta a un gobierno totalitarista con una ideología, que si bien no está del todo clara exteriormente, posee unos objetivos básicos que le han permitido triunfar en un país ignorante, donde la escasez de conocimiento permite la manipulación a través de un discurso repetitivo y un lenguaje simple, que llega a la fibra interna de quienes lo escuchan. Al gobierno se le ha hecho sencillo el proceso de convencimiento, debido a las condiciones en las que se encuentran sus seguidores. Al no conocer más que la realidad en la que habitan, los verdaderos adeptos al oficialismo son más propensos a ser influenciados por ideas de odio que despiertan el resentimiento generalizado y un fanatismo extremo hacia la figura de Hugo Chávez. Por otra parte, como en todo gobierno totalitarista, unos pocos son beneficiados y viven una vida de reyes, mientras el pueblo vive en crisis y en condiciones paupérrimas. Esta segunda categoría de adeptos, son quizas los que tengan el poder necesario para sacar a Chávez de la presidencia; claro está, mientras no reciban beneficios; panorama casi imposible de imaginar en la Venezuela actual, que recibe diariamente cantidades inmensas de dólares, producto de la venta petrolera. Así pues, considero que los esfuerzos opositores deben ir dirigidos al cambio de pensamiento; así como a la elaboración de un mensaje más radical. Insisto en que la campaña debe ir enfocada a informar de plano acerca de las verdaderas intenciones del gobierno. Es necesario hacer comprender a la gente de qué se trata el comunismo al que Chávez quiere llevar a la nación. Ya no se trata del tema de la luz, del agua, de la devaluación, de la inseguridad, del estado de los hospitales, de la crisis en la educación; se trata de hacer ver que esos problemas están vigentes, pero deben ser englobados en una sola consigna, en la que el pueblo se niegue al comunismo, dándose cuenta de que siguiendo esta vía, los problemas antes mencionados se acrecentarán y surgirán nuevos. La labor en la universidades ya se ha hecho. Los estudiantes conocen los pilares que defienden y saben qué es lo que no estan dispuestos a vivir; sin embargo, hay una gran masa de gente allá afuera que desconoce hacia donde va, cuyo único fin es el seguimiento de una figura que ha despertado en ellos una esperanza basada en promesas, que como bien sabemos, jamás serán cumplidas. Ésto es lo que debe aprovechar la oposición; como dije, en la entrada anterior, el acercamiento al chavismo es indispensable. Además, existe un gran número de venezolanos que rechaza al gobierno y a su vez, no siente motivación alguna por luchar contra él. Esta desmotivación es, en lo personal, producto de la carencia de un único líder, que englobe todas las posiciones opositoras, y de un ideal concreto llevado con constancia. En resumidas cuentas, el pueblo venezolano necesita ser despertado cuanto antes, necesita liderazgo y un mensaje inteligente y directo, que si bien no debe alarmar, debe hacer entender que las acciones han de ser tomadas cuanto antes. El momento es ahora, las elecciones parlamentarias se acercan, la oposición no puede dejar pasar esta oportunidad para hacer entender que aún quedan esperanzas. De lo contrario, será una nueva batalla perdida. El pueblo pide a gritos organización, constancia en las acciones y rechaza las divisiones internas. Así pues, los opositores deben despertar, no es sólo deber de los estudiantes traer la paz y la libertad al país. Ya por sí solos han hecho bastante, pero necesitan el respaldo de partidos opositores sólidamente configurados, para lograr los ideales que se han propuesto.
26 de enero de 2010
¿Qué necesita Venezuela?
Soy nacida en Venezuela, nieta de extranjeros por ambos lados, criada según las costumbres europeas en un ambiente latinoamericano. No creo pertener a ningún lado; prefiero decir que soy ciudadana del mundo. Opto por reaccionar de igual manera ante lo que ocurre fuera de Venezuela que ante lo que ocurre dentro; reflexionando y buscando entender a fondo el por qué de los hechos. No creo en pasiones ni en fanatismos, tampoco en decisiones influidas por sentimentalismo. Todos los conflictos en el mundo para mí se resumen en una eterna lucha de bandos que velan por sus intereses, dualidad que ha formado parte de la historia del hombre desde que éste apareció en la tierra; sin ánimos de querer citar a Marx. Estos bandos siempre serán liderizados por grandes mentes, caracterizadas por poseer capacidades que los diferencian del resto y les permiten influenciar a las masas para lograr objetivos personales, siempre disfrazados de intereses colectivos. A lo que voy con esta reflexión es a hacer entender a la gente que cuando una sociedad es lo suficientemente crítica y lo suficientemente objetiva al momento de reconocer al otro, el diálogo es un hecho y los enfrentamientos no son necesarios. Sin embargo, es muy cierto que en el mundo actual no todos tienen la posibilidad de cuestionar lo que se les plantea, bien sea por falta de una formación en principios y valores o porque provienen de realidades difíciles que los mueven a actuar por simple supervivencia, buscando el beneficio que les fue arrebatado, que les fue prometido o simplemente para satisfacer necesidades. Estas personas son las principales víctimas de la manipulación por parte de los líderes antes mencionados. Ésto demuestra la importancia que tienen para una nación la educación, la seguridad, la familia y el respeto a los derechos humanos. Estos aspectos constituyen los principales enemigos de los regímenes totalitaristas a lo largo de la historia. La situación política venezolana es un claro ejemplo de ello. El presidente de la república ha seguido durante los últimos años, paso a paso, la receta para la formación de un estado comunista contemplada en el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels. Con los últimos acontecimientos en el país, se reafirman sus intenciones y la preocupación aumenta. Se conoce cómo han acabado los regímenes comunistas en el mundo: fracasados sin excepción. Chávez ha buscado adoctrinar a sus seguidores y ha logrado sembrar el odio en la mayor parte de la población hacia la oposición. La pregunta que se hacen los venezolanos es ¿cuál es entonces la solución al conflicto? Creo en lo personal que se trata de una solución a largo plazo. Debe iniciar con un cambio de mentalidad. El venezolano debe entender que no se trata de una lucha de masas sino de una lucha de un hombre contra una nación. Todas las acciones de Hugo Chávez se resumen en su permanencia en el poder. A él le importa muy poco el bienestar del pueblo, y eso es de lo que se debe convencer a sus adeptos. En lo personal, la oposición debe buscar el acercamiento. El día que chavistas y opositores dejen de subestimarse los unos a los otros, habrá espacio para el diálogo. Antes de criticar al adversario, debe uno ponerse en su lugar y no mirar por encima del hombro a aquel que tiene creencias diversas, que tal vez nos permitan darnos cuenta que sí somos compatibles, que sí hay esperanzas para un cambio y finalmente, para lograr el país soñado por todos los venezolanos.
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