8 de febrero de 2010

Todavía falta mucho

He insistido en mis entradas anteriores, en el diálogo entre los dos bandos protagonistas del panorama político nacional, y en un discurso dirigido a todos los sectores de la sociedad, haciendo un especial énfasis en los más necesitados. Así pues, hace varios días, se cruzó en mi camino una historia que me permitió entender la dura lucha que les espera a los venezolanos; una lucha lenta, de cuyos frutos no podría precisar si será partícipe mi generación. El hecho al que me refiero,y que me inspiró para escribir estas líneas, es el fin en Suráfrica, del período conocido como Apartheid; que consistió en una etapa de segregación, caracterizada por la instauración de leyes en la nación, liderada por los blancos, en las que claramente la población de color era denigrada. Esta política de segregación racista tuvo una duración de cincuenta años. En la legislación instaurada durante este tiempo, los negros eran cosiderados extrangeros en su propio territorio; idea que se cobijaba en el planteamiento de que los habitantes de color provenían de pueblos errantes del territorio africano y por tanto, estaban excentos de la nacionalidad surafricana. Así, estas restricciones tuvieron influencia en la educación, en la propiedad privada, en la economía y por supuesto, en la política. Aunque desde antes de este período, suráfrica había tenido una larga historia de segregación racial bajo el dominio blanco, con el Apartheid las medidas toman validez política; pues en 1948, el Partido Nacional, liderado por los blancos, introduce el Apartheid en su programa electoral, y al vencer las elecciones de ese año, la propuesta pasa a formar parte de la política oficial del gobierno. De la misma manera, el territorio surafricano fue rápidamente dividido en sectores, en los que los habitantes eran ubicados atendiendo al color de su piel. En algunos casos, poblaciones enteras de color fueron deasalojadas a otras zonas, debido a que su territorio pertenecía a sectores destinados a los blancos. Dentro del país, había muchos grupos que luchaban en contra del Apartheid; entre ellos, el Congreso Nacional Africano, liderado en parte por Nelson Mandela, que aprovecharon la decadencia que sufría en 1960 el movimiento, producto del boicot internacional al que fue sometida sudáfrica, para realizar protestas pacíficas a favor de la igualdad social. La policía arremetió abriendo fuego contra los manifestantes. Como resultado hubo 69 muertos, cerca de 400 heridos y el gobierno ilegalizó las pocas organizaciones políticas negras. Dos años después de la revuelta, Mandela fue encarcelado y después de 28 años en prisión fue liberado en 1990, durante el período que puso fin al Apartheid. Al salir de la carcel, Nelson Mandela decide impulsar acciones de cambio en una sociedad sumamente resentida, llena de prejuicios y resistente al diálogo interracial, promoviendo la igualdad social, la tolerancia y la solidaridad entre los ciudadanos. Este hombre no olvida el pasado, sin embargo, decide recordarlo en paz y sin resentimiento hacia los que alguna vez lo apresaron y maltrataron. Así pues, alcanza la presidencia en 1994 y logra instaurar en su país el ambiente multicolor en el que reinase la libertad soñada.

Si se analiza el panorama surafricano, es sencillo notar que guarda similitud con la situación venezolana actual. Si bien es cierto que la lucha sostenida en Suráfrica poseía implicaciones puramente raciales y en el caso venezolano, el enfrentamiento se da producto de diferencias ideológicas, es también cierto que en ambas se persigue como fin último, en uno de los bandos, la libertad. La vía que siguieron los surafricanos liderados por Mandela, al igual que la de los estudiantes venezolanos, se fundamenta en la paz y en la crítica a un gobierno represor, que persigue la división de la sociedad y el enfrentamiento, motivado por planteamientos irracionales o no sustentados. De la misma manera, puede establecerse una comparación entre la figura de Mandela y la de Hugo Chávez, guardando por supuesto la debida distancia. Ambos fueron encarcelados por sus enemigos; Mandela durante casi treinta años y Chávez durante tres; Mandela por manifestar de forma pacífica y Chávez debido a un intento fallido de golpe de estado. Sin embargo, ambos fueron liberados y tomaron decisiones completamente antagónicas al regresar al panorama político de sus naciones. Nelson Mandela siguió el camino del perdón, promoviendo este sentimiento entre sus seguidores, para lograr progresivamente el apoyo casi total de la nación, persiguiendo con sus consignas los ideales de paz, igualdad y libertad. Mientras tanto, Chávez se ha valido del odio y el resentimiento de un pueblo, que si bien no fue sometido como el surafricano, sufrió gravemente las consecuencias de la corrupción y anarquía de los gobiernos anteriores. Ambos emplearon a sus seguidores con la diferencia de que Mandela lo hizo por el bien común y Chávez por el bien propio. De esta manera, es posible observar dos realidades similares hasta cierto punto, que toman rumbos contrarios gracias a las decisiones de sus líderes, y al enfoque que estos decidieron darle a sus acciones. Algo que tienen en común ambos mandatarios, es que acuden al uso de los sentimientos (pathos) para influir es sus seguidores, que en mi opinión, es el modo de persuación más efectivo. Asimismo, considero que este método implica un alto grado de responsabilidad por parte del orador, pues al valerse de los sentimientos humanos, se toca la fibra interna, se logra la actuacion en muchos casos irracional de los miembros de un grupo humano. En lo personal, considero que esta estrategia persuasiva fue la que permitió a Mandela el logro de sus ideales al orientarla de forma positiva. En el caso de Chávez ocurre exactamente lo mismo, pero dirigida a fines negativos. Este aspecto, considero yo, es el responsable de la solidez dentro del bando oficialista, y el causante del fenómeno dentro del chavismo, en el que se considera al mandatario inocente o excento de responsabilidad por parte de sus seguidores, aun ante actos de negligencia por parte del ejecutivo, en los que se responsabiliza a otros miembros del gobierno. Por lo tanto, concluyo afirmando que, dadas las circunstancias del panorama político actual, considerando el tiempo que les tomó a los surafricanos obtener la libertad y tomando en cuenta los hechos acontecidos en dicho país, todavía falta mucho para que en Venezuela se respiren los aires de paz, armonía y convivencia que alguna vez se reinaron en los rostros de los venezolanos y que a veces es posible encontrar en algún que otro rincón del corazón de estas tierras.